martes, 27 de septiembre de 2016

¿Qué onda con la socialización?

Además de la desescolarización, la socialización es otra preocupación frecuente. Esto fue algo que no se me ocurrió cuando empezamos homeschool. Me di cuenta de esta preocupación cuando ya nos habíamos subido al barco de educar en casa. No representó un problema para nosotros pues eran 5 hermanos en ese entonces, así que tenían de dónde escoger para socializar. Sin embargo, hubo un cambio en uno de mis hijos que me sorprendió y quiero compartir contigo.
El segundo de mis hijos es sumamente serio con otros adultos. Cuando está entre iguales o con nosotros habla, comparte, juego, bromea, sin problema. Pero habiendo otro adulto prácticamente no habla. De esto me fui dando cuenta poco a poco. La primera vez fue cuando tenía como 3 años. Unos amigos fueron a la casa y una comadre me dijo “Ay que bueno, tu hijo ya habla.” A mí me sorprendió mucho porque tenía, al menos año y medio que hablaba súper bien. Fue ahí que empecé a observarlo y me di cuenta que cuando había otros adultos no abría la boca ni para saludar.
Después entró al kínder y las maestras me decían que mi hijo no les contestaba cuando le preguntaban algo, o que les costaba mucho trabajo que contestara. Yo les comenté que era muy serio. Tuvo que pasar como medio ciclo escolar para que él empezara a interactuar con más confianza con sus maestras. Yo estuve muy al pendiente de detectar si tenía problema con alguna, pero siempre me habló bien de ellas. Sus dos años de preescolar, tuvo su maestra favorita, pero de las otras también me hablaba bien. Eso no quería decir que platicara mucho con ellas, pero, al menos, no sentía yo que estuvieran tratándolo mal.
Traté de quitarle esa pena o desinhibirlo. Cuando me pedía un dulce o algo de la tienda, le decía que si se la compraba si iba a preguntar cuánto costaba. Era tal su miedo a preguntar que se paralizaba y empezaban a salirle lágrimas porque no podía ir a preguntarle al de la tienda el costo. Otra cosa que sucedió en su escuela es que al año tenían que hacer 2 mini conferencias en el salón. Cuando le tocaba, preparábamos el tema, lo ensayaba en casa y todo iba muy bien. Pero el día que le tocaba hacerlo ante el salón, no le salía ni pio. Recuerdo que la maestra tenía que acercarse a que le fuera diciendo en secreto el tema y ella lo decía en voz alta. Mi hijito sufría mucho con esas conferencias, recuerdo que le podía ver sus lágrimas a punto de salir porque estaba al frente del salón. Yo, como mamá, no sabía si echarle porras, aplaudirle, salirme, recordarle que ya sabía el tema… era una situación muy tensa.
Fue por eso que decidí llevarlo al psicólogo. Al principio, hubo avance, pero después de un par de meses, se estancó. Así que decidí dejar de llevarlo y predicar con el ejemplo. Recuerdo que en esa época se nos juntaron 4 o 5 fiestas, así que aproveché y en cada una me ponía a cantar en el karaoke. Quería que viera que su mamá era el centro de atención y no pasaba nada. Gracias a Dios, para la última fiesta pidió cantar y sentí que había valido la pena. Poco a poco le fui pidiendo que fuera a comprar las tortillas, leche, etc. Yo lo esperaba por fuera de la tienda y él tenía que hacer toda la transacción.
Cuando salió de la escuela, seguimos trabajando en eso. Cuando menos me di cuenta, él ya no necesitaba que lo esperara por fuera de la tienda para comprar lo que le encargaba, podía ir a preguntar el costo de algo que quisiera comprar, saluda a otros adultos, etc. Actualmente, juega futbol de portero y tiene casi dos meses que empezó a acolitar en Misa.
Me pregunto qué hubiera pasado con mi hijo en la escuela si hubiera tenido que exponer a fuerzas, sin darle su tiempo, su ritmo, para ir agarrando confianza y seguridad. Siento que, en su caso, la “socialización” que brinda la escuela hubiera sido perjudicial para él.
Por otro lado, mi hija mayor, no necesitó de la escuela para ser sociable. Ella con cualquiera se acerca a platicar, jugar, saludar, etc. Y creo que ahora que estudia a su ritmo tiene más tema de conversación que si fuera a la escuela. Respecto a mis otros hijos, cada uno tiene su personalidad, hay unos más sociables, otros menos, pero los extremos son los hermanos mayores: uno tímido y la otra desinhibida.
Esta es mi experiencia. Creo que la escuela no es la fuente de la socialización. Es un recurso que puede ser benéfico o perjudicial, depende de cada niño. Lo más importante es el ejemplo en casa, la seguridad que les brindemos como papás. No espero que mi hijo sea un gran expositor, aunque luego pueden sorprendernos, pero ha llegado a un punto en el que es capaz de pedir algo que quiere o necesita sin paralizarse por el pánico.

Si vas a sacar a tus hijos de la escuela, que la socialización no te cause ruido. Aunque no tengan hermanos, pueden socializar al ir a la tienda, parque, biblioteca, con familia, y, tarde o temprano, conocerá más familias que eduquen en casa y habrá más oportunidad para desarrollar su habilidad para socializar. Si nos centramos en lo importante, las demás cosas se van a dar por añadidura.  
Espero que nuestra experiencia te brinde tranquilidad de que no todo tiene que ser perfecto. hay cosas que esperas cuando sacas a tus hijos de la escuela o decides no meterlos y que no se dan. sin embargo, también te vas a encontrar con sorpresas agradables en el camino y, yo creo, que serán muchas más las sorpresas agradables que las dificultades o carencias. 
¡Ánimo, el Cielo nos espera!
Nos estamos leyendo.